Lidia, de Temuco a Barcelona


Mi nombre es Lidia Estefany Castillo Mariqueo, nací el 24 de octubre de 1985 en la ciudad de Temuco, que en lengua mapuche significa “agua de temu” (temu: árbol de la región). Temuco está ubicado en la zona centro-sur de Chile, es una ciudad pequeña y acogedora, rodeada de hermosos paisajes naturales. 

Soy la segunda hija de mi familia, formada por 6 miembros; mi mamá: Edith, mi papá: Jaime, mis hermanas: Gabriela, Jacqueline y Ahilen. Además, tengo un sobrino llamado Sebastián y mi cuñado Víctor. 

En el año 2014 inicié mi propia familia junto a Sebastián Díaz, él es mi compañero de vida y de aventuras, con quien puedo contar en cada momento y quien me acompaña hoy en Barcelona.



 Motivada a rehabilitar personas con necesidades de salud que les aquejen estudié Kinesiología en la Universidad de La Frontera en Temuco entre los años 2004 y 2008. En el año 2009 viajé por primera vez a España, para realizar una estancia clínica en el área de rehabilitación neurológica y geriátrica en la Universidad Castilla-La Mancha en la ciudad de Toledo. Posteriormente, trabajé en tres Universidades en Temuco en el área clínica de rehabilitación de personas con enfermedades neurodegenerativas de diversa índole y gestión universitaria en la carrera de Kinesiología. Me especialicé en el quehacer dentro de Establecimientos de Larga Estadía para Adultos Mayores, tanto en el área clínica, gestión de proyectos y coordinación de profesionales en Geriatría y Gerontología Social. Fui voluntaria entre los años 2007 y 2012 en el Hogar de Cristo, institución dedicada a mejorar la situación de pobreza y vulnerabilidad de las personas en condiciones de pobreza extrema. Allí conocí a personas en situación de calle y adultos mayores en estado de postración, que me motivaron a seguir capacitándome para entregar de mejor manera mis conocimientos en favor de su rehabilitación. 
Fui también voluntaria en un grupo de personas con Enfermedad de Parkinson desde el año 2005 al 2016, junto a ellos logré un crecimiento y madurez tanto en lo personal como en el desempeño profesional. Siento gran orgullo de ellos, ya que logramos que el grupo fuera reconocido como Agrupación Independiente y Autónoma por la Ilustre Municipalidad de Temuco, quién hoy es el principal benefactor para continuar con la labor de rehabilitación de las personas que forman parte de este grupo con más de 50 miembros.
                Tras las diferentes realidades que tuve oportunidad de conocer, tanto desde las personas con quienes trabajé o a quienes realicé rehabilitación, surgió mi interés por indagar más allá de lo clínico y poder entender procesos más complejos desde la generación de investigación y encontrar aplicabilidad de manera translacional en un futuro próximo. Todo ello me llevó a la búsqueda del área más propicia que resolviera mis interrogantes y en la cual pudiera sentir satisfacción, así encontré al Instituto de Neurociencias y sus programas de postgrado en la UAB. En Chile tuve la oportunidad de postular a financiamientos que me permitieran poder salir del país junto a mi esposo y así logré una beca de Máster y una de Doctorado.
Una vez en Barcelona, me vi enfrentada a una nueva cultura y algunas dificultades propias de salir de nuestro país de origen, como convivir con personas de diferentes países, con diferentes costumbres y formas de vivir en la cotidianidad, un tanto diferentes a lo que estaba acostumbrada. La Universidad en principio no fue fácil, mi dedicación fue a tiempo completo a las asignaturas del Máster, dada mi formación previa y mi falta de conocimientos en el área de bioquímica, sin mencionar el hecho de trabajar con animales, que hasta la fecha nunca había realizado. También, tuve que lidiar con tramitaciones de documentación tanto de la beca, visa, homologaciones y Universidad, que hoy además del Máster en Neurociencias ya he logrado un Máster en burocracia, ello me ha hecho ser más paciente y organizada en mi agenda, mirándola desde un paradigma positivo y entendiendo que todo ello era parte del desafío de aprender nuevas cosas. 
Y bueno, contaba con un soporte emocional muy importante, mi pareja, quién me apoyó en mis momentos de flaqueza. Ya con el paso de los meses conocí a gente muy hermosa con quienes logré crear mi núcleo y soporte emocional que mantengo hasta hoy, entre ellos Lydia Giménez, quien me recibió en su despacho, luego de varios correos de solicitud que nadie nunca respondió, sólo ella y quién me aceptó en su grupo. Debo mencionar a mis amigas: Jessica, Guadalupe y Carmen, de las cuales sólo Jessica y yo continuamos el desafío, apoyándonos mutuamente para cumplir nuestras metas.
Debo mencionar a mi familia, que en todo momento está pendiente de mis pasos y con quienes mantengo comunicación diaria, ellos son mi fortaleza para continuar avanzando por el camino de la ciencia.

Lidia Estefany Castillo Mariqueo
Barcelona, 11 de febrero de 2018, Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia


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